Breve reflexión en torno a la posición de China y Estados Unidos en el escenario internacional

Mtro. Raúl Gutiérrez Patiño

Cuando abordamos el tema referente a la posición que ocupan Estados Unidos y China en el concierto internacional, no podemos dejar de lado el hecho de la feroz competencia que trae consigo el sistema capitalista, en donde ambos Estados hacen todo lo que está a su mano y se valen de prácticamente todos los medios con el fin de consolidar su hegemonía económica en el escenario internacional, en donde muchas veces caen en terribles incongruencias y contradicciones, que no hacen otra cosa que replantear los principios de que deben imperar en las Relaciones Internacionales del siglo XXI.

Por mencionar un ejemplo, China se encuentra inmersa en un capitalismo voraz, que no hace otra cosa que aumentar las desigualdades sociales de su población y por el otro, Estados Unidos continúa alejándose de la promoción, defensa y salvaguarda de los ideales y principios democráticos ante los terribles actos de vulneración a los derechos humanos que comete en defensa de sus intereses en diversas partes del mundo.

Este contexto internacional, en donde impera cada vez más la desconfianza, existe una visión compartida por prácticamente toda la Sociedad Internacional, en la que se establece la necesidad de fomentar mecanismos de cooperación e integración con el fin de terminar con las aristas y problemáticas que enardecen el concierto internacional.

Lo anterior encuentra un fuerte y profundo acento ante los avances de la globalización y la necesidad de fomentar la interdependencia entre los actores del concierto internacional, para hacer frente a los retos y obstáculos que se presentan con cada vez más fuerza y que van moldeando el desarrollo de diversas sociedades. Lo anterior por supuesto, no puede, ni debe violentar los principios normativos en materia de política exterior en cuyo ejercicio descansan la eficacia y eficiencia de las normas establecidas en el derecho internacional.

Por otro lado, existe la contraparte en la que muchos Estados con el fin de asegurar, proteger  y garantizar sus intereses o bien su posicionamiento en el concierto internacional, ejercen políticas de contención o control sobre otros Estados que a todas luces resultan violatorias del derecho internacional, como ejemplo de ello, podemos mencionar los casos de Estados Unidos sobre Cuba o bien, Israel sobre Palestina, entre otros. De igual manera, resulta oportuno recordar todas aquellas intervenciones que ha realizado el águila calva en el continente americano desde el contexto de la guerra fría provocando el establecimiento de dictaduras militares, violentando derechos humanos con el fin de asegurar el status quo por medio del control y estableciendo gobiernos, entre otras conductas violatorias de la soberanías nacionales.

Resulta altamente preocupante cuando observamos que en el transcurso de la historia universal, el gobierno de los Estados Unidos ha aplicado este tipo de medidas represoras y altamente invasivas que violentan de manera significativa la libre autodeterminación de los pueblos, la igualdad jurídica entre los naciones y la no intervención, así como la garantía de los derechos humanos de gran parte de las sociedades de la tierra, contrariando con ello su afán de promover los ideales democráticos sobre los que dice sustentarse dicha Nación.

Por otro lado, existe el escenario en donde dos o más Estados a través del mutuo interés, llevan a cabo mecanismos de control o contención sobre uno o más Estados, con el fin de evitar que el crecimiento y desarrollo económico de los mismos modifiquen el tablero del ajedrez internacional.

Este contexto, nos lleva pues a la necesidad de establecer ciertos elementos que permitan reflexionar en torno a las relaciones internacionales del águila calva y el gran dragón, y cuál de los dos saldrá victorioso en esta lucha por la hegemonía del escenario mundial, en donde los intereses de muchos otros Estados se verán alterados tras el resultado de la misma; lo anterior adquiere una importante relevancia ante el debilitamiento que aqueja al gobierno de los Estados Unidos, producto de serias y profundas problemáticas de credibilidad nacional e internacional, a consecuencia de las graves crisis socio-económicas como resulado de su sistema y modelo económicos; por tanto, se ha especulado de cuál será el nuevo Estado que domine el escenario internacional en el siglo XXI, en donde China se apunta como la próxima potencia hegemónica.

El crecimiento de China, no implica necesariamente la supremacía mundial del gigante asiático (al menos no en el corto plazo) ya que en sus acciones internas, se llevan a cabo medidas que resultan altamente reprobables y condenables por prácticamente todos los miembros de la sociedad internacional; estas consisten en las graves violaciones a los derechos humanos que imperan en el gigante asiático.  Por otro lado, podemos mencionar que los derechos civiles y políticos de la ciudadanía, se encuentran sumisos y a merced de la voluntad del Partido Comunista.

Por otro lado, se ha demostrado que el ejercicio de la democracia occidental resulta difícilmente digerible para las elites chinas, ya que como se mencionó anteriormente, la hegemonía del Partido Comunista rechaza de manera profunda la apertura democrática, lo que puede impedir su consolidación como potencia mundial; sin embargo, se ha demostrado que el éxito en el crecimiento y desarrollo económico no es propio ni exclusivo del modelo democrático occidental; no obstante, se considera oportuno enfatizar en el hecho de que solo a través del mismo, se puede llevar a cabo un combate frontal y efectivo contra la corrupción a través de la transparencia, rendición de cuentas y el check and balances, sin violentar los derechos humanos de la población; hecho que trae consigo credibilidad y congruencia en el escenario internacional a favor de la inversión, productividad y crecimiento económico.

Sin embargo, en el devenir de la historia, y como consecuencia de este capitalismo atroz y voraz, se ha demostrado que pesan más los intereses económicos de los Estados que el verdadero respeto a la dignidad de la persona humana, en donde si bien es cierto que las acciones u omisiones violatorias en materia de derechos humanos pueden ser condenables, no implica que forzosamente se den sanciones internacionales que se traduzcan en verdaderas implicaciones económicas, ya que cuando se han presentado, estas resultan sumamente débiles; por tanto, este argumento, puede dar a lugar a que China se consolide como la potencia imperante en el siglo XXI, a través del valor que representa su mercado.

De acuerdo con HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, Roberto en su texto: Las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos y el comercio de bienes industriales y agrícolas; implicaciones para México. En: http://www.mexicoylacuencadelpacifico.cucsh.udg.mx/sites/default/files/Las%20relaciones%20comerciales%20entre%20China%20y%20Estados%20Unidos%20y%20el%20Comercio%20de%20bienes%20industriales%20y%20agr%C3%ADcolas.pdf  (última consulta 28/I/15), se señala que actualmente los productos hechos en China dominan prácticamente el mercado estadounidense de productos manufacturados, una realidad visible en cualquier tienda departamental y en la vida diaria de las familias estadounidenses. Asimismo y de acuerdo con el rotativo “expansión” En: http://www.expansion.com/2014/10/08/economia/1412771929.html  (última consulta 28/I/2015) el PIB chino en 2013 alcanzaba los 16,15 billones de dólares y el de EEUU, que ha sido la primera potencia del planeta desde que superó a Reino Unido en 1872, superaba esa cota para escalar hasta los 16,77 millones de dólares. Un año después, el escenario cambia: China suma 17,632 billones y EEUU, 17,416 billones, en un nuevo orden mundial que se mantendrá al menos durante el próximo lustro, según el FMI.

No obstante, para que el yuan, pueda sustituir a dólar como divisa dominante sobre la que se pueda medir el PIB de las naciones, es necesario romper con el status quo imperante dentro de la economía internacional, lo que requiere de un ajuste de los mercados financieros de las economías mundiales, situación que puede traducirse en una falta de inversión y un lento desarrollo económico.

En otro orden de ideas, el establecimiento de la cultura china posee los elementos necesarios para incidir en el plano cultural global, basta con observar la popularidad que ha adquirido el desarrollo de esta milenaria cultura en gran parte de las sociedades de la tierra, llevando a cabo una conquista silenciosa que actúa como herramienta del gran dragón para penetrar en los tejidos sociales y consolidarse dentro del imaginario cultural en distintos países.

Un elemento que puede significar una limitante para garantizar la posición de China en el escenario mundial radica en su idioma, el mandarín, considerado como la lengua más difícil del mundo, tanto por su estructura gramatical, como por la cantidad de caracteres en su alfabeto, sin mencionar su pronunciación; lo que lo convierte en un lenguaje altamente complicado, situación que dificulta su dominio y aprendizaje; no obstante, las generaciones futuras no tendrán este problema, pues ya en muchos centros educativos, el chino mandarín se inscribe como una materia obligatoria.

Otra situación que requiere especial atención y que probablemente le permitirá a China establecerse como primera potencia, radica en su excedente poblacional, cuya mano de obra es altamente barata y competitiva; sin embargo, la contraparte de este excedente consiste en que su exportación puede ser altamente complicada en términos poblacionales de los países receptores, en gran parte por la problemática del idioma anteriormente mencionado, así como por la cantidad de personas que representa.

Ahora bien, una vez tomados en consideración los distintos aspectos que permitirán o que dificultarán la posible consolidación de China como la primera potencia mundial, es necesario tomar en consideración que el gran dragón, está perfectamente consciente que requiere de los demás miembros del concierto mundial a efecto de lograr un armónico que le beneficie para mantener la posición de Washington.

Por lo anteriormente expuesto, resulta oportuno hacer mención del bloque: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los llamados BRICS, que puede convertirse en el motor que permita a China no solo a acelerar hacia la posición de potencia hegemónica líder en el orden mundial, sino mantenerse en esa posición. Sin embargo, aún persisten diferencias sustanciales entre los miembros de la misma, que pueden atrasar este proceso de cambio, por mencionar un ejemplo China y Rusia no tienen incentivos naturales a compartir un rol de privilegio con más estados nacionales de los que ya lo tienen, China presenta con la India, una agenda bilateral plagada de conflictos latentes en materia de seguridad y que, por ende, existen dificultades palpables para alcanzar posiciones comunes.

Por lo anteriormente expuesto, se pueden plantear las siguientes conclusiones:

1) La relación China-Estados Unidos, trae consigo una agenda conflictiva llena de intereses que constantemente se contraponen, ya que los dos Estados no solo compiten por el papel de primera potencia, sino que hasta el momento son los únicos capaces de ostentar este título por las próximas décadas;

2) Si bien es cierto que China puede ser considerada como la primera potencia, requiere superar aquellos obstáculos que le impiden el posicionarse como tal, entre ellos, el respeto, promoción defensa y salvaguarda de los derechos humanos;

3)  China debe mejorar sus relaciones con los otros miembros de los BRICS con el fin de otorgar al bloque de congruencia que se traducirá inmediatamente en beneficios para sus miembros;

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