La diplomacia pública y su brazo corporativo: las empresas como agentes de los Estados

Raúl Gutiérrez Patiño

Tema presentado en el XXVIII Congreso anual de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales: “Repensando la globalización: la política exterior de México en el nuevo milenio”.

Centro de Convenciones. Villahermosa, Tabasco.  11 de octubre de  2014.

La globalización ha incrementado la complejidad de los entornos para la creación de nuevos negocios, lo que obliga a los actores internacionales el adquirir y desarrollar nuevas capacidades y habilidades para mejorar su competitividad internacional; por lo tanto, se requiere analizar las implicaciones que presenta el ejercicio de la diplomacia corporativa, la cual, puede entenderse como el desarrollo eficaz e instrumental de las estrategias de negociación de distintas empresas, en donde su objetivo se concibe en fomentar una exitosa consolidación de negocios dentro del mercado internacional que beneficie las relaciones interdependientes entre los Estados. 

Desde un enfoque teórico de las Relaciones Internacionales, como bien apunta Nicholas Cull en su texto: “Diplomacia pública: consideraciones teóricas”. Disponible, en: http://www.sre.gob.mx/revistadigital/images/stories/numeros/n85/cull.pdf merece la pena señalar las diferencias entre diplomacia pública y diplomacia tradicional, entendida esta primera como los mecanismos que no son la guerra, desplegados por un actor internacional para gestionar el entorno internacional. En la actualidad, este actor puede ser un Estado, una corporación multinacional, una organización no gubernamental, una organización internacional/organización paramilitar sin Estado, o cualquier otro actor en el escenario mundial; la diplomacia tradicional es el intento de un actor internacional de gestionar el entorno internacional mediante el compromiso con otro actor internacional, y la diplomacia pública es el intento de un actor internacional de gestionar el entorno internacional mediante el compromiso con un público extranjero.

Actualmente vivimos dentro de una creciente red de interconexiones: cerca de doscientos países en estrecha comunicación entre sí, alrededor de cien mil empresas transnacionales negociando con gobiernos y entre ellas, y por lo menos cincuenta mil organizaciones no gubernamentales asesorando y asistiendo regímenes y poblaciones e interviniendo en zonas de conflicto. Asimismo, una nueva serie de actores empoderados por las tecnologías digitales —organizaciones no gubernamentales, superindividuos, empresas transnacionales, científicos, líderes religiosos, familias, alcaldes, filántropos, activistas, hackers, terroristas— persiguen intereses particulares y se apropian y compiten por el espacio diplomático con los actores estatales tradicionales.

Por lo tanto, esta realidad obliga a una evolución del ejercicio de la diplomacia, dando lugar al ejercicio de la diplomacia publica, en donde nuevos actores se ven en la necesidad de prepararse en este campo de acción, particularmente en el ámbito protocolario por parte de los portavoces de las empresas que intentan posicionarse en el mercado internacional.

En este contexto, la coordinación y la colaboración estrecha entre los sectores público y privado es un requerimiento indispensable de la era de la mega-diplomacia, en donde las empresas multinacionales, por ejemplo, ya son un factor fundamental para que las naciones definan su lugar y se posicionen en la economía global.

Por lo tanto, la diplomacia pública puede referirse a la influencia directa que ejerce un agente diplomático o bien un Estado sobre una población para obtener determinada situación que beneficiara a su nación. Actualmente en la llamada “era de la información” y a consecuencia del expansionismo que facilita el Internet y los medios de comunicación, los gobiernos tienen la oportunidad de dirigirse e impactar audiencias mundiales, lo que representa una poderosa herramienta de consolidación dentro del escenario internacional para el alcance de sus objetivos por medio del Soft Power.

Aunado a lo anterior y debido a la expansión del capitalismo, en el ámbito comercial, diversos Estados han encontrado en la diplomacia pública, un medio eficaz para comunicar y transmitir sus valores y su cultura, de esta manera, varios países han aumentado y consolidado su influencia dentro del mercado por medio de esta estrategia, en el caso más representativo puede ser el de Estados Unidos, en donde podemos mencionar a elementos, marcas, estilos de vida, etc, por ejemplo: Hollywood, McDonalds, Disney, Coca Cola, etc.

Tomando en cuenta lo anterior, podemos apreciar que el ejercicio de la diplomacia pública supone una importancia considerable dentro de los modelos de integración y cooperación regional a través de la participación de las empresas en las economías nacionales; lo anterior, trae como efecto colateral la responsabilidad de las empresas de actuar apegadas al principio de la legalidad, en donde el fomento a la transparencia y combate a la corrupción sean sus ejes rectores para el desarrollo de relaciones comerciales justas.

Aunado a las consecuencias empresariales, podemos decir que un  ejemplo de caso exitoso que puede desarrollar la Diplomacia Pública, se refiere a la toma de conciencia de problemáticas mundiales, en donde un país o grupo de países pueden abanderar un tema cuyas consecuencias resulten prioritarias dentro del concierto internacional como ejemplo de ello, podemos mencionar el desarrollo de la Diplomacia Ambiental, la cual, se ha volcado en búsqueda de la solución de los problemas ambientales que ha traído el cambio climático, para su atención y cumplimiento se realizan con frecuencia conferencias y cumbres donde se discuten medidas y soluciones para detener el deterioro ambiental.

De esta manera, podemos mencionar que la diplomacia pública trata en concreto de proyectar reputación, confianza buena imagen y credibilidad, dentro y entre los Estados, es decir, la lucha por mantener un status internacional que genere influencia dentro del concierto internacional.

Lo anterior, pone de manifiesto la importancia del uso eficiente del Protocolo en las Relaciones Internacionales, el cual, encuentra una importante relevancia no solo dentro del ámbito diplomático, sino también en el comercial y económico, ya que a través del ejercicio basado en el mutuo entendimiento, el respeto y la cordialidad, bajo el compromiso de la buena fe, se pueden llevar a cabo negociaciones exitosas que permitan ampliar vínculos de cooperación, inversión extranjera directa, fomentar la solución pacífica de controversias, entre otros elementos, lo que traerá consigo no sólo la ampliación de redes culturales, sino creación de nuevos empleos que se traducirán en beneficios directos para la ciudadanía; así como también, la estabilidad en el concierto internacional.

En concordancia con lo establecido en Protocolo. En: http://www.rree.gob.pe/elministerio/Paginas/Protocolo.aspx ,el propósito principal del protocolo es facilitar la buena comunicación y las buenas relaciones. En el ámbito diplomático, el protocolo es el conjunto de reglas y formalidades que se realizan entre funcionarios o autoridades de los Estados para garantizar la buena comunicación, favorecer las relaciones, negociaciones, convenios e intercambios entre los países y las personas que los representan, dando una imagen de cortesía, seriedad, respeto y prestigio en los actos que se realicen en materia de política exterior. No obstante, se considera necesario puntualizar que, en el caso del ejercicio de la diplomacia pública, esto no es exclusivo de los agentes, ya que también se entiende como una obligación por parte de los que llevan a cabo labores de promoción comercial, entre otras.

A través del correcto desempeño y desenvolvimiento del Protocolo  se encuentra plasmada la imagen que los países tratan de mostrar a efecto de posicionar su presencia en el escenario internacional en el respeto y buena voluntad; es decir, a través de su aplicación se demuestra el apego a los principios del derecho internacional por parte de los Estados encaminados a la búsqueda de la paz y seguridad internacionales, así como en la solución pacífica de controversias de prácticamente toda índole; es decir, la importancia del manejo protocolario, adquiere una importancia cuasi-jurídica determinada por los usos y buenas costumbres, necesarios para la sana convivencia dentro del escenario mundial, ya que manifiesta la reciprocidad que se pretende adquirir al momento de llevar a cabo acuerdos internacionales.

Por lo tanto, a manera de conclusión, se puede mencionar  lo siguiente:

1.- Aún cuando las relaciones bilaterales tradicionales continúan jugando un papel muy importante en la diplomacia contemporánea, el nuevo orden mundial y la coyuntura del concierto internacional, acentúan la necesidad del empleo de la diplomacia multilateral.

2.- La Diplomacia Pública, trae consigo el desarrollo del concepto del manejo de la imagen o marca país, como elemento necesario para el posicionamiento de un Estado dentro del contexto internacional, de acuerdo a sus prioridades e intereses. Asimismo, puede borrar desconfianzas entre Estados que hayan vivido experiencias bélicas o negativas.

3.- Atendiendo la realidad del contexto internacional referente al orden multilateral, la Diplomacia Pública, puede traer consigo el desarrollo de diversos recursos y maneras de desarrollar acciones diplomáticas para la atención de prioridades de interés mundial.

4.- El objetivo de proyectar y consolidar un status internacional de los distintos países cuyos impactos se demuestren de manera global, versa dependiente del desarrollo de la diplomacia pública, adicional de la diplomacia tradicional.

5.- El Protocolo dentro del ámbito diplomático, representa un ejercicio cuyo objetivo consiste en alcanzar en base al Derecho Internacional y apegado al principio de buena fe, el entendimiento mutuo a efecto de potencializar la cooperación y negociación internacional, para así poder alcanzar soluciones pacíficas de controversias, y lograr el armónico dentro del concierto internacional.

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