Una mirada hacia la tensión latente en la Península de Corea

 Raúl Gutiérrez Patiño

La turbulencia existente entre Corea del Norte y Corea del Sur, aparentemente había bajado de intensidad después del conflicto bélico que sostuvieron ambas naciones de 1950 a 1953, situación que estableció formalmente la limitación territorial de los Estados en cuestión. Sin embargo, las tensiones beligerantes se han mantenido presentes a lo largo de más de 60 años, en donde si bien han existido elementos de cooperación importantes que facilitaron el acercamiento y una aparente paz entre las partes, la inestabilidad en la región se ha mantenido latente al punto de declarar el estado de guerra entre ambos países en 2013. 

El pasado 1º de enero de 2013 el líder norcoreano Kim Jong-Un, hijo del fallecido líder Kim Jong-il, anunció en su discurso de año nuevo que exhortaba a Corea del Sur a ponerle punto final a la confrontación entre ambas naciones.  Sin embargo, tras las sanciones del Consejo de Seguridad por el lanzamiento del satélite Kwangmyongsong-3, en donde se le prohibió a Corea del Norte la importación y exportación de ciertos productos entre los que se incluyeron artículos de lujo como yates, autos y joyas, al igual que establecer inspecciones obligatorias de cargamentos sospechosos provenientes o de tener como destino Corea del Norte, endureciendo con ello el aislamiento del gobierno de Pyongyang al incluir restricciones a las actividades bancarias, comerciales y de viajes de ese país. Asimismo, se estableció que los Estados miembros de la ONU impidieran la prestación de servicios financieros y la transferencia de recursos que pudieran contribuir a los programas nucleares o balísticos norcoreanos. En este apartado, la resolución del Consejo de Seguridad en: http://www.cinu.mx/noticias/mundial/corea-del-norte-consejo-de-seg-6/ también instó a la congelación de activos relacionados con esos programas.

Cabe mencionar que el Comité Central de Corea del Norte, describió a las armas nucleares como “una forma de vida para el país” y prometió seguir desarrollando su programa nuclear, según informó la agencia de noticias norcoreana KCNA. “Sólo cuando se logre tener las riendas del escudo nuclear para defensa propia, será posible destruir la ambición imperialista de Estados Unidos de anexar a la fuerza la península coreana”, indicó el informe.

 Si se analiza con detenimiento esta declaración, sobresale el hecho de fortalecer la industria militar del país por encima de cualquier otra prioridad y que de ella depende la estabilidad de la nación, lo que pone en tela de juicio la seguridad en toda la región, así como el debido respeto a los derechos humanos. De llevarse a cabo, las amenazas escandalosas de Pyongyang, en torno a la intención de “reajustar y reiniciar” sus instalaciones nucleares, Corea del Norte estaría produciendo dos tipos de material fisible que pueden crear explosiones nucleares con plutonio y uranio altamente enriquecidos.

Posteriormente, el pasado día 29 de marzo de 2013, Corea del Norte anunció el “estado de guerra” con Corea del Sur al dar por terminado un armisticio que duró desde el fin de la guerra de Corea en 1953. “La condición, que no era guerra ni era paz ha terminado”, según indicó la Agencia Norcoreana de prensa en un desplegado en el que aseguró que de romperse hostilidades no sólo incineraría la oficina presidencial de Corea del Sur y las bases militares estadounidenses en la península, sino también que “disolvería” el territorio continental de Estados Unidos. Poco tiempo antes, la Casa Blanca había responsabilizado a Corea del Norte del incremento de tensiones y advirtió que “debían terminar los actos provocativos y la retórica belicosa”, según preciso en su momento el vocero Josh Earnest.

Se considera oportuno señalar que desde que acabó la llamada Guerra de Corea, Pyonyang ha demostrado su capacidad de golpear a sus vecinos y a los intereses de otros países en la región, a menudo como respuesta de lo que considera una provocación. La primera acción podemos situarla en 1967 cuando atacó y hundió el navío surcoreano Dangpo al momento en que este se encontraba patrullando, matando a 39 miembros de la tripulación, a lo que  siguió un periodo de relativa calma, en donde Corea del Sur intentó una política de acercamiento y de reducción de tensiones.

Si bien es cierto que el estado de guerra fue declarado por parte del gobierno de Corea del Norte, es necesario aclarar que este no es sinónimo de una declaración de guerra, ya que se refiere a un llamado que hace el gobierno a todas sus tropas y a la ciudadanía para estar preparados ante una emergencia bélica; por su parte una declaración de guerra se refiere a una declaración formal mediante un documento que proviene de un Estado hacia otro, donde el primero declara el inicio de hostilidades; no obstante, se han iniciado guerras sin la necesidad del mismo. 

Mientras algunos observadores calificaron esta retórica de “fanfarronada”, otros advirtieron de la presencia de la “tiranía de bajas expectativas” ya que sí han existido confrontaciones regionales serias. De acuerdo al rotativo británico BBC News en el artículo: ¿Qué tan serias son las amenazas norcoreanas? Disponible en: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/03/130330_corea_norte_amenazas_ar.shtml   En opinión de John Delury, profesor de la universidad de Yonsei, en Corea del Sur: “Si se sigue a los medios norcoreanos se puede oír un lenguaje belicoso continuo dirigido a EE.UU. y Corea del Sur -e incluso ocasionalmente a Japón- y es difícil saber cuándo tomárselo en serio; pero si uno se fija en las ocasiones en las que sí pasó algo, como el ataque de la artillería en una isla del sur en 2010, se comprueba que eran advertencias muy serias, claras y reales”. De igual manera, Andrea Berger, del Instituto Real para la Defensa y Seguridad en Londres, aseguró que: “Cada vez que un país amenaza con ataques nucleares preventivos hay que preocuparse. Y Corea del Norte no es una excepción, especialmente con cambio de retórica, que pasó de acusar a EE.UU. de imaginar amenazas a amenazar realmente con usar sus misiles en su contra”. Cabe mencionar que  muchos expertos consideran que estas amenazas responden a un deseo de Corea del Norte de llegar a un tratado de paz con EE.UU. en línea con la política histórica de Pyonyang de darle la máxima importancia al ejército.

Numerosos expertos atribuyeron las amenazas de Corea del Norte como un intento del joven líder Kim Jong-Un de consolidar su poder en el Estado comunista fundado por su abuelo. Según Jasper Kim, experto del área Asia-Pacífico citado por CNN, el dictador norcoreano actuó y actúa de esa manera “porque sin el apoyo de los militares, no se quedará en el cargo por mucho tiempo. Debe, por tanto, reforzar sus lazos con los mandamases”.

Como se mencionó anteriormente Corea del Norte ha empleado una retórica bélica contra quienes percibe como sus agresores. La amenaza en 1994 por parte de un negociador norcoreano de convertir Seúl en un “mar de fuego” provocó el pánico entre los habitantes del sur. Asimismo, después de que el ex presidente norteamericano George W. Bush la nombrase como uno de los integrantes del “eje del mal” en 2002, Pyonyang aseguró que “barrería sin piedad a sus agresores”. En junio de 2012, el ejército advirtió que su artillería apuntaba a siete grupos mediáticos surcoreanos y amenazó con una “guerra sagrada sin piedad”; de igual manera, este patrón respecto a la escalada de amenazas se repite, especialmente si el país tiene un nuevo líder.

Cabe mencionar que el gobierno de Corea del Norte se separó del Tratado de No Proliferación Nuclear, esta medida alarmo al resto de la sociedad internacional pues los norcoreanos comenzaron a elevar significativamente su retórica en perjuicio de la seguridad mundial Además, China, que había sido el principal aliado de Pyongyang, consideró aceptables las sanciones en contra Corea del Norte, aunque paradójicamente el gobierno chino declaró que no abandonaría a ese país ya que según China las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, no representaron la vía adecuada para resolver el conflicto, cuya  única solución correcta consistía en mantener negociaciones y atender a las preocupaciones de todas las partes implicadas de una forma equilibrada.

Actualmente, el parque industrial de Kaesong (KIC, por sus siglas en inglés), ubicado en Corea del Norte, justo en frente de la Zona Desmilitarizada y que es operado conjuntamente por ambas Coreas, sigue en funcionamiento. Este parque sirve  como muro de contención respecto al nivel de las hostilidades, asimismo para muchos observadores es visto como un barómetro de las tensiones entre el Norte y el Sur, ya que si se tomara alguna medida para clausurarlo o cerrarlo, esto sería visto como una verdadera escalada en el distanciamiento como lo ocurrido en abril 2013 y en marzo de 2014.

Los informes indican que los trabajadores procedentes de Corea del Sur siguen cruzando normalmente hacia el parque, que es una fuente de dinero clave para Pyonyang.  Actualmente 123 empresas operan en el KIC, pertenecientes a industrias que van desde la textil, al desarrollo de piezas de automóviles y semiconductores. El complejo emplea a 53.448 trabajadores norcoreanos y 786 empleados de Corea del Sur, según datos de diciembre de 2012 del Ministerio de Unificación en Seúl; por lo tanto, se inscribe como el mayor contribuyente al comercio entre las dos Coreas.

A pesar de que la opinión internacional ha puesto su mirada hacia otros horizontes conflictivos del escenario mundial, la retórica belicista de Corea del Norte ha preocupado y continua preocupando a la Sociedad Internacional, lo que complica o incluso bloquea cualquier tipo de perspectivas a efecto de establecer negociaciones exitosas que se traduzcan en elementos efectivos a favor de la estabilidad, seguridad y solución pacífica de controversias en pro del  establecimiento de la paz, como piedra angular en las Relaciones Internacionales.

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