Breve percepción respecto a las alternativas de negociación del conflicto Israel-Palestina

 Raúl Gutiérrez Patiño

Podría decirse que el conflicto entre Israel y Palestina, se potencializó cuando fue proclamado el Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, de acuerdo con el plan de partición de la Organización de las Naciones Unidas  de 1947 (en la que participaron únicamente 33 países) que dividía el protectorado inglés en Palestina -actuales Jordania e Israel-, dando el 77% del territorio a los árabes y el 23% para los judíos, y dejando Jerusalén como zona internacional; sin embargo, la resolución 181 de la ONU establecía que este territorio pertenece a palestinos e israelíes.

Actualmente Palestina continua esperando que la comunidad internacional cumpla con los compromisos de 2005 de garantizarle a su pueblo un Estado libre y con reconocimiento de pleno derecho en Naciones Unidas, más allá de su calidad de observador,  lo que se ha  venido retrasando por medio de una serie de “dinamitaciones” en los procesos de negociación para que Israel desocupe los territorios ocupados en 1967 de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental, que además nadie reconoce como territorio israelí incluido su principal aliado en la zona, Estados Unidos (cabe mencionar que el presidente Obama ofreció en septiembre de 2011, la consolidación de la existencia del Estado Palestino). Actualmente 124 países  ya reconocen al Estado Palestino con Jerusalén como capital.

Respecto a la situación de Palestina, México se manifestó en el  68º  periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas a favor de dos Estados, Israel y un Estado palestino, “política y económicamente viables, que coexistan uno junto al otro dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas, de conformidad con las resoluciones de la ONU. México ha condenado la continua expansión de asentamientos israelíes, así como la demolición de casas palestinas y los desalojos en los territorios palestinos ocupados, incluido Jerusalén Oriental, como actos contrarios al Derecho Internacional que socavan las posibilidades de lograr la paz y afectan la viabilidad de un Estado palestino. En ese sentido, nuestro país alienta a las partes a reanudar las negociaciones directas”.

El  proceso de negociación del conflicto en cuestión, involucra tanto al Estado de Israel, Hamas y a la Autoridad Nacional Palestina principalmente por la alarmante situación en  la Franja de Gaza, en donde cerca de 1.8 millones de personas viven en 365 km2 y cuyo bloqueo representa un atentado al Derecho Internacional por parte del Estado de Israel. Asimismo  merece la pena recordar que cuando ambas partes habían cedido nuevamente a la intervención de EE.UU, el gobierno de Benjamin Netanyahu anunció la construcción de 1.600 nuevas viviendas en territorio ocupado. Hecho que fue considerado por la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton como un “insulto”; posteriormente, los palestinos echaron marcha atrás en el proceso de negociación.

La imposición de límites territoriales, que representa una de las piedras angulares del conflicto en cuestión, tiene su origen en la alianza McMallion-Hussein, que en su momento fue diseñada para la expulsión del imperio otomano en la zona, con lo que Palestina quedaría bajo mando militar del Reino Unido. No obstante, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, los británicos habían hecho diversas promesas a los árabes y a los judíos que luego no cumplieron, entre otros motivos porque ya se habían dividido el Medio Oriente con Francia, lo que provocó un clima de tensión entre nacionalistas árabes y sionistas que desencadenó en enfrentamientos entre grupos paramilitares judíos y bandas árabes.

Lo anterior, se alimenta de la desconfianza producto de constantes entorpecimientos al proceso de paz por ambas partes, como ejemplo de ello, podemos recordar el fracaso de los Acuerdos de Oslo, en los que la Organización Palestina renunció a “la violencia y el terrorismo” y reconoció el “derecho” de Israel “a existir en paz y seguridad”, un reconocimiento que la organización islámica palestina Hamas nunca aceptó, entre otras cosas porque  los Acuerdos de Oslo, que establecieron la Autoridad Nacional Palestina, contemplaban que las autoridades civiles palestinas y de seguridad controlan áreas urbanas (Área A según Oslo), mientras que solo sus representantes civiles -y no de seguridad- controlan áreas rurales (Área B), entre los que se incluía Jerusalén Oriental, considerada la capital histórica por parte de los palestinos; por lo tanto y debido al incremento de episodios de violencia, fue que en 1994 se perpetraron graves atentados terroristas por extremistas islámicos.

Asimismo, prevaleció un clima de tensiones provocados en gran medida por parte de la derecha nacionalista israelí opuesta a la política del gobierno del entonces primer ministro Isaac Rabin, cuya fórmula “paz a cambio de territorios” aspiraba a proporcionar a Israel unas fronteras seguras, una normalidad en las relaciones con los países vecinos y una aceptación por la sociedad internacional, a cambio de ceder a los árabes parte de los territorios conquistados en los sucesivos enfrentamientos bélicos. Estas acciones provocaron una campaña de deslegitimación dirigida personalmente contra el mandatario, llamando a manifestaciones en que se trataba a Rabin de traidor.  De esta manera, el 04 de noviembre de 1995 se dio el asesinato de Isaac Rabin, por parte del ultra  israelí Yigal Amir, actualmente condenado a cadena perpetua.

El proceso de negociación debe inscribirse como un medio conciliatorio entre las partes con base al derecho internacional y el derecho internacional humanitario. Cuando abordamos el tema de los objetivos de las partes, de acuerdo con información publicada por el rotativo BBC news, podemos mencionar los siguientes:

Jerusalén: Israel reclama soberanía sobre la ciudad (sagrada para judíos, musulmanes y cristianos) y asegura que es su capital tras tomar Jerusalén Oriental en 1967. Eso no es reconocido internacionalmente. Los palestinos, tanto la Autoridad Nacional Palestina, que gobierna Cisjordania, como el grupo Hamas, en Gaza, reclaman que Jerusalén Oriental sea su capital, pese a que Israel la ocupó en 1967; por lo tanto, este parece ser el punto más sensible e innegociable del conflicto.

Fronteras y territorio: Los palestinos demandan que su futuro Estado se conforme de acuerdo a los límites previos al 4 de junio de 1967, antes del comienzo de la Guerra de los Seis Días, algo que Israel rechaza. Cabe mencionar que desde 1948, año de la creación del Estado de Israel, muchas cosas han cambiado, en especial la configuración de los territorios en disputa tras las guerras entre árabes e israelíes. Para Israel eso son hechos consumados, para los palestinos no, ya que insisten en que las fronteras a negociar deberían ser aquellas que existían antes de la guerra de 1967.

Asentamientos: Son viviendas, ilegales de acuerdo al derecho internacional, construidas por el gobierno israelí en los territorios ocupados por Israel tras la guerra de 1967. En Cisjordania y Jerusalén Oriental hay más de medio millón de colonos judíos, esto puede entenderse como una especie de guerra silenciosa con la continua construcción de asentamientos judíos, lo que reduce el territorio palestino en esas zonas autónomas.

Refugiados palestinos: Los palestinos sostienen que los refugiados (10,6 millones según la OLP, de los cuales casi la mitad están registrados en la ONU) tienen el derecho de regreso a lo que hoy es Israel, pero para Israel abrir la puerta destruiría su identidad como Estado judío.

Una vez comentadas las demandas, podemos decir que se trata de  un conflicto de tipo out/out, en donde las posiciones de ambos lados se encuentran en un punto inamovible, debido no solo a componentes históricos y culturales, sino a posiciones geopolíticas de gran importancia para la estabilidad en la región.

Ahora bien, tomando en cuenta la Mejor Alternativa al Acuerdo Negociado (MAAN),  podríamos decir el garantizar el establecimiento de un territorio política y económicamente viable, en donde coexistan ambos Estados uno junto al otro dentro de fronteras seguras e internacionalmente reconocidas, de conformidad con las resoluciones de la ONU, respetando siempre y en todo momento la salvaguarda de los derechos humanos, la libre autodeterminación de los pueblos, la igualdad jurídica y el apego a la búsqueda de la paz y la seguridad internacionales; para lo cual, se requiere tener en cuenta las posiciones y exigencias de cada una de las partes, así como las medidas para llevarlas a cabo de manera eficiente y eficaz.

En el caso de no alcanzarse un acuerdo aceptable, Palestina puede buscar el apoyo de otros Estados a efecto de aumentar su reconocimiento para ejercer presión internacional lo que ayude a su consolidación como Estado libre; sin embargo, esta medida no representa una solución al conflicto debido a los intereses de grandes potencias extranjeras como es el caso de Estados Unidos, como miembro permanente del Consejo de Seguridad, en donde puede imponer su derecho de veto a efecto evitando que esta realidad sea inalcanzable para Palestina.

Por su parte, probablemente la Peor Alternativa al Acuerdo Negociado (PAAN), podemos ubicarla cuando un saliente Bill Clinton no logró un acuerdo entre el ex presidente de la Autoridad Nacional Palestina Yasir Arafat y el entonces primer ministro israelí, Ehud Barak, en donde este último ofreció a Arafat el control del 96% del territorio y el establecimiento de un co-gobierno con Jerusalén. Sin embargo el 4% restante eran las afluentes del río Jordan, además de que esta medida significaba renunciar al retorno de los refugiados; por lo que hubiera sido una posición geopolítica desfavorable para Palestina y la violación a la seguridad de los ciudadanos palestinos, elementos territoriales y humanos que siguen incrementando las diferencias entre ambas naciones.

A partir de esa fecha, se han presentado escaladas de violencia cada vez más considerables en la región que han impedido la consolidación del Estado Palestino, a pesar de la supuesta “desocupación” de Gaza en 2005, aunque Israel mantiene un bloqueo en la zona.

A  manera de conclusión se puede argumentar que el diálogo y la negociación con pleno respeto y apego al Derecho Internacional y los derechos humanos de todos sus habitantes, garantizará la solución a un conflicto que parece insuperable; es decir, los procesos de negociación serán efectivos, siempre y cuando, no exista el entorpecimiento por parte de los supuestos interesados en la resolución de los conflictos.

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