El destino de Marina Silva

Alejandro Guerrero Monroy *

“Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que hacemos nosotros de él”.

Florence Nightingale (1820-1910)

Su nombre real es María Osmarina Silva de Lima y nació hace 56 años en un parto atendido por su abuelo materno. De niña no pudo ir a la escuela porque tenía que ayudar a su padre a recolectar caucho junto a sus diez hermanos en el pobre estado de Acre -al norte de Brasil- en la frontera con Bolivia. A los 16 años tuvo la primera hepatitis de tres que ha sufrido a lo largo de su vida, además de cinco malarias. En un medio rural con escasez, sin mayores perspectivas que la emigración, Marina comía farofa (plato a base de harina de mandioca, muy popular en Brasil) con huevo y frijoles. Vivió sus primeros años en una comunidad alejada en donde los grandes acontecimientos se anunciaban con disparos al aire: “Dos disparos significaban que había nacido una niña; tres, un niño. Si alguien moría se disparaban siete tiros mientras que se disparaba 12 veces para recibir el Año Nuevo”.

Su infancia transcurrió en lo profundo del Amazonas, en donde conoció el respeto por la naturaleza y aprendió a no transgredirlo a través de leyendas muy arraigadas como la que advertía que si matabas a un animal preñado recibías azotes o que si lo cazabas antes de comerte al previamente apresado, también tendrías una maldición. Todos respetaban escrupulosamente estos códigos místicos, implantados sin exigencias legales 200 años atrás.

Esta deferencia por el delicado equilibrio del medio ambiente que asimiló de niña, se tradujo en un activismo sin tregua que la llevo a obtener años más tarde -en 2007- el máximo galardón que otorga la ONU en el campo ambiental, el Champions of the Earth, que para muchos es equiparable a un Nobel de ecología y medio ambiente. En 2008, la prestigiada publicación The Guardian la eligió como una de las 50 personalidades capaces de ayudar a salvar el planeta.

Inquieta siempre y nunca satisfecha, aprendió a escribir a los 16 años y con la ayuda económica de un amigo fue a la Universidad y se licencio en Historia. Con fuerte arraigo en su comunidad, incursionó en la política y fue concejala, diputada, y a los 36 años se convirtió en la senadora más joven y más votada de la democracia brasileña. Cuando Luiz Inácio Lula asumió la presidencia de la República en 2002, la nombró ministra de Medio Ambiente. Durante sus cinco años en el cargo, Marina redujo la deforestación de la Amazonia en un 60%, pero se enfrentó a intereses y se quejaba de ser constantemente boicoteada, incluso por la entonces ministra de Energía, Dilma Rousseff. Su labor le valió el reconocimiento internacional. “Nadie es profeta en su tierra”, suele recordar.

Marina Silva abandonó el gobierno en 2008 y el Partido de los Trabajadores de Lula, para afiliarse al pequeño Partido Verde que la postuló al año siguiente a la presidencia de Brasil. Con muy pocos apoyos obtuvo por sorpresa casi 20 millones de votos, obligando a su antigua compañera de Gabinete Rousseff a disputar una segunda vuelta.

Cuatro años más tarde -en 2014- su sueño era presentarse como candidata de su nuevo partido: La Red. Debido a diversas trabas legales y atrasos burocráticos, no pudo registrarse en tiempo y forma para competir. Con enorme capacidad para sobreponerse a las adversidades, Marina buscó otra opción y acabó compartiendo la fórmula con el carismático candidato Eduardo Campos del PSB, que la designó como su número dos.

El destino quiso que no subiera al avión -de última hora lo decidió- en el que Campos perdiera la vida la mañana del 13 de agosto pasado. Esta tragedia le permitió acceder a la candidatura de las presidenciales bajo el emblema del PSB.

La irrupción meteórica y sorpresiva de Marina hizo temblar a sus contrincantes y nada parecía detener su ascenso en las preferencias a dos semanas de la elección. Superó al popular candidato Aécio Neves, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y por un tiempo mantuvo un empate técnico con la presidenta-candidata Dilma Rousseff del PT. Fue así como la campaña electoral brasileña giraba en torno a esta “Lula con faldas”, como solían llamarla en los medios.

Con su fuerte magnetismo, se hizo popular entre los más jóvenes y los desencantados de la política. Argumentaba que era posible conjugar crecimiento económico con justicia social, lo que generaba adeptos de la clase media emergente y entre los habitantes de las grandes ciudades como Sao Paulo o Río de Janeiro.

Su ascenso en las encuestas la hizo blanco de los ataques de sus contrincantes, como los que señalaban que si subía al poder, daría mayor poder a los bancos y muchas de las conquistas sociales del sector más desfavorecido desaparecerían. Ella desmintió el mensaje y acusó a Rousseff de azuzar el voto del miedo y de emplear golpes bajos. A tres días de los comicios decidió –demasiado tarde- emprender una estrategia de contrataque, recordó los escándalos de corrupción como el de Petrobras y resaltó la falta de carrera política de la presidenta Rousseff. Por otro lado, Marina mostró cierta indefinición en asuntos polémicos como el aborto y la despenalización de las drogas; dejo de lado políticas básicas para la igualdad de las mujeres.

El día de la elección obtuvo el 21% de los votos y quedó en tercer lugar, el mismo que ocupaba el candidato Eduardo Campos antes del accidente. Dilma Rousseff del Partido del Trabajo (PT) obtuvo el 41%; mientras que Aécio Neves del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) el 34%. A principios de septiembre se daba por descartado a Neves, quien tenía un 14% de las preferencias.

Marina tenía un pacto sellado con Campos, al que su súbita muerte le imprimió un plus de exigencia y compromiso. Neves comprendió esta simbiosis y se acercó a ella para solicitarle su apoyo en la segunda vuelta electoral (Marina sumó más de 20 millones de votos) y asumir la convicción de Campos a favor de una nueva forma de gobernar Brasil. Ella lo aceptó y justificó su respaldo por compromisos que van desde la ampliación de la reforma agraria hasta la intensificación de políticas medioambientales. Es posible que Neves pueda vencer a Rousseff en la decisiva ronda electoral del 26 de octubre.

Cada uno, desde que nace, tiene escrita su suerte en este mundo, decía el humanista  Francesco Petrarca. Nadie hubiera imaginado que aquella joven que no sabía leer ni escribir estaría a poco de ser la presidenta de la séptima economía mundial y quinto país en superficie y población. Aún puede serlo en el futuro. Esfuerzo, talento y circunstancias la llevaron hacía lo más alto. El destino de Marina Silva.

*Politólogo. Maestro en Economía y Gobierno, y en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales.

@AGuerreroMonroy

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