Retos y desafíos de la gobernanza global

Alejandro Guerrero Monroy*

Un tema de la mayor trascendencia en la dinámica actual de los asuntos y las relaciones internacionales es la gobernanza global.

Gobernanza global no significa un gobierno mundial -lo que nadie desea o quiere-, sino a algo más sencillo: se refiere al esfuerzo colectivo de Estados soberanos, organismos internacionales y otros actores no estatales para hacer frente a los desafíos comunes y aprovechar oportunidades que trascienden las fronteras nacionales.

La gobernanza en el ámbito internacional es muy compleja y ambigua. Si al interior de un país sabemos lo complicado que resulta a los actores políticos ponerse de acuerdo en temas torales; entre países resulta aún más complejo en virtud de que son unidades soberanas independientes que cotidianamente no reconocen ninguna autoridad superior.

Si bien existe una estructura multilateral que se erigió después de la Segunda Guerra Mundial y que derivó, entre otros, en la fundación de las instituciones de Bretton Woods, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), hoy en día las instituciones multilaterales sufren de un desgaste y su poder no es suficiente para hacer cumplir las decisiones colectivas.

Reconocidos analistas internacionales, como Ian Bremmer y David Gordon han escrito sobre la aparición de un mundo “G-0” o “G-X” en el que el liderazgo mundial colectivo es prácticamente imposible, debido a que actualmente muchos países tienen poder económico y militar pero con intereses muy divergentes. Y apuntan que la época contemporánea no significa una ausencia de multilateralismo, sino que la asombrosa diversidad entre países, y en especial los riesgos que acechan a la seguridad internacional, son crecientes y cada vez más complejos.

Un reto de la gobernanza mundial contemporánea radica en la ausencia de mecanismos internacionales serios y formales para lidiar con los denominados “bienes comunes globales”, es decir, esos espacios que no controla ningún país, pero de los que todos dependen para su seguridad y prosperidad. Los tres más importantes son el espacio marítimo, el espacio exterior y el ciberespacio. En estas “áreas” o “circunscripciones” transitan y se transportan los flujos de bienes, datos, capitales, personas e ideas que dan sustento a la globalización.

El espacio marítimo enfrenta tensiones y turbulencias geopolíticas. Las potencias emergentes presionan para incrementar su capacidad en aguas profundas o emplean estrategias asimétricas para negar a países el acceso a sus aguas residuales, poniendo en peligro la libertad de mares y océanos. Por ejemplo, en el Mar del Sur de China -por el que navegan buques con mercancías con valor de más de 5 billones de dólares cada año-, se presentan conflictos de soberanía entre China y diversos países de la zona como Brunéi, Taiwán, Filipinas y Malasia por más de 3 millones de kilómetros cuadrados de océano y se disputan reservas submarinas de petróleo y gas. En otras latitudes, como en el Ártico, diversos países se disputan los derechos sobre plataformas continentales y nuevas rutas marítimas, así como la explotación de yacimientos de combustibles fósiles y depósitos de minerales.

El espacio exterior está cada vez más congestionado e “impugnado”. Los países y las corporaciones internacionales compiten por los escasos espacios orbitales para sus satélites y por fracciones de un espectro de radiofrecuencia finito. El número de actores que operan en el espacio se ha disparado y proliferan los desechos espaciales, los cuales pueden provocar riesgos de colisiones catastróficas. Por otra parte, es preocupante que países emergentes tengan como estrategia militar una carrera armamentista en el espacio. Hoy en día no hay consenso sobre el un régimen que permita regular el espacio y garantizar su sustentabilidad.

El “ciberespacio” se diferencia de los mares o del espacio exterior en que su infraestructura física se encuentra principalmente en Estados soberanos y en manos de particulares, lo que genera riesgos evidentes de injerencia de quienes persiguen intereses no genuinos.

No hay duda de que el libre flujo de información e ideas es un componente central de un mundo libre y abierto, pero esta visión de la gobernanza mundial en el ciberespacio, se ve amenazada constantemente por una delincuencia que amaga constantemente a bases de datos de empresas y gobiernos.

El espionaje indiscriminado en redes ha generado tensiones entre líderes mundiales, quienes se han pronunciado por una administración de internet más global y menos centralizado. En la reciente reunión de NETmundial -el principal foro para la gobernanza planetaria de la Red, celebrada en la ciudad de Sao Paulo los pasados 23 y 24 de abril, y en donde Brasil anunció la “primera constitución de internet” como instrumento que incorpora los derechos de usuarios-, los países participantes condenaron el espionaje masivo y debatieron sobre una necesaria neutralidad de la Red. En este “cónclave digital”, también pugnaron porque los dominios de internet sean administrados por un organismo planetario más transparente y abierto en donde tengan voz y voto los países.

En la actualidad, la gobernanza global se ve amenazada por operaciones informáticas que algunos países han desarrollado para infiltrarse en la denominada “infraestructura digital crítica” (militar y civil) de adversarios, con el objeto de trastornarla o destruirla. Ante esta fatalidad, se tendrán que negociar normas de responsabilidad de los ataques cibernéticos y desarrollar medidas de transparencia y fomento de la confianza, así como preservar los principios humanitarios en caso de una eventual “ciberguerra”.

La gobernanza global es una historia de adaptación a las nuevas tecnologías y avances científicos. Hoy, el vertiginoso ritmo del cambio tecnológico corre el riesgo de dejar atrás a la gobernanza global. Es ahí donde radica uno de sus principales desafíos. Nuestro mundo necesita, requiere con prontitud, de respuestas, instrumentos, y mecanismos que se traduzcan en la remodelación de instituciones globales que den respuesta a los retos y desafíos que se nos presentan.

*Politólogo, economista e internacionalista. Asesor de Consejero del INE. @AGuerreroMonroy

 

 

Los puntos de vista de los Asociados y Directivos del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) representan únicamente su opinión personal. El COMEXI mantiene una posición neutral e independiente de cualquier opinión o juicio individual.

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