La grandeza de Adolfo Suárez

Alejandro Guerrero Monroy *

“La grandeza de un hombre se caracteriza por un poderoso y absoluto impulso de creación”          – Upton Sinclair

Adolfo Suárez fue electo presidente de España en junio de 1977, en el primer proceso electoral libre desde 1936. Bajo las siglas de UCD (Unión de Centro Democrático), su candidatura logró aglutinar a un conglomerado de formaciones políticas. Suárez, que tras la muerte de Francisco Franco fue nombrado presidente de gobierno por el Rey -en sustitución de Carlos Arias Navarro-, obtenía el triunfo en los primeros comicios democráticos de ese país y se erigía en uno de los principales actores de la profunda transformación política y social que viviría España en los años subsecuentes.

Con un carisma singular, una audacia política sin igual y siempre cercano a la gente, Suárez inició su mandato convencido de que España requería llevar a cabo una transición política sin rupturas traumáticas con el régimen previo. La tarea no era nada fácil, porque las estructuras franquistas seguían en pie y el poder político y militar de éstas últimas era significativo. Había que realizar una cirugía fina al Estado, con enorme cuidado, asertividad y prontitud. Una de sus primeras acciones fue la amnistía para delitos de motivación política, perseguidos en el régimen anterior; pero fue la Reforma Política el parteaguas de la transformación política del país.

La reforma emprendida por Suárez tenía por objeto reconocer y garantizar el ejercicio de los derechos fundamentales y las libertades públicas en España, como la legalización de todos los partidos políticos -particularmente el Partido Comunista-, y permitir que los trabajadores pudieran organizarse sindicalmente. De igual forma, se buscaba contar por primera vez con una Ley Electoral que regulara los comicios. Estas importantes medidas dieron origen al sistema bicameral de España y sentó las bases para promulgar la Constitución un año más tarde, en 1978.

Adolfo Suárez era un conciliador nato y lograba hacer posible lo imposible. Con una extraordinaria capacidad de convencimiento y persuasión, logró lo que muchos anhelaban: una transición de la democracia pacífica y sin fisuras, lo más tersa posible.

En tan sólo 280 días Suárez transformó España. La metamorfosis no fue nada sencilla, muy por el contrario, sus reformas fueron criticadas e incomprendidas y sus decisiones tuvieron severas resistencias, pero sus convicciones fueron más fuertes y supo sobreponerse a la adversidad.

Estaba convencido que España debía transitar hacia un sistema democrático en donde todas las ideologías tuvieran un espacio y todas las voces fueras escuchadas; un Estado en donde todas las lenguas y tradiciones tuvieran cabida; un país en donde se respetara a la corona como máxima autoridad.

En la última etapa de su mandato estaba completamente sólo, sin el apoyo político de los suyos y sin el respaldo necesario para gobernar. Fue duramente vilipendiado por la prensa y ante la presión extenuante de diversos sectores -y un desgaste político excesivo por el recelo, la desconfianza y las maniobras políticas en su contra-, opto por renunciar. El arquitecto de la transición no quiso ser un obstáculo en el “paréntesis democrático” de España.

Suárez tuvo una prueba de fuego la tarde del 23 de febrero de 1981, durante el fallido golpe de Estado perpetrado por el teniente coronel Tejero, que intempestivamente irrumpió en el hemiciclo del Congreso de los Diputados durante plena investidura como presidente de Leopoldo Calvo-Sotelo. En aquel histórico suceso, frente a la seria amenaza a la gobernabilidad y cohesión de la nación -y poniendo en riesgo su propia vida-, Adolfo Suárez permaneció sentado en su curul mientras otros se cubrían de las balas bajo los escaños. Una imagen de un hombre arrojado y coherente con sus principios, del estadista que con talento y visión coadyuvo a construir los cimientos de lo que hoy es España.

Comparto que me duele profundamente su pérdida por la admiración que siempre le he guardado. Considero que la historia ha sido lenta en reconocerle su determinación y patriotismo en conducir a España -en tan sólo dos años y medio- de un Estado dictatorial a una democracia constitucional.

Fue seguramente, el político más solitario que ha existido en la democracia española, y sin embargo, fue el que más se empeñó -en una época peligrosamente incierta- en promover el diálogo y la distensión con grandeza de miras. La grandeza de Adolfo Suárez.

*Politólogo, economista e internacionalista. @AGuerreroMonroy

 

 

Los puntos de vista de los Asociados y Directivos del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) representan únicamente su opinión personal. El COMEXI mantiene una posición neutral e independiente de cualquier opinión o juicio individual.

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