Elecciones presidenciales en El Salvador

Enrique Bravo – Candidato a Doctor en Gobierno, Universidad de Georgetown.

Los recientes comicios presidenciales en El Salvador se han convertido en una importante prueba para el proceso de consolidación democrática de ese país. Después de una holgada victoria -casi diez puntos porcentuales de diferencia- en la primera vuelta a favor del candidato Salvador Sánchez Cerén del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) sobre Norman Quijano, candidato de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), la segunda vuelta ha dado resultados preliminares no aptos para cardiacos: el candidato del Frente está arriba del candidato aliancista por un margen de diferencia de tan sólo 0.22%, o poco más de 6,300 votos. El domingo mismo de la elección, el candidato de ARENA desconoció ese resultado y lo hizo de una manera que genera una situación tensa y potencialmente explosiva en los primeros días después de la elección.

Hay al menos dos aspectos sobre los que que vale la pena reflexionar. El primero es entender que pudo propiciar que el resultado fuera tan distinto a lo anticipado. El segundo es analizar cómo la forma de confrontar esta situación puede ayudar o lastimar el proceso de consolidación democrática en El Salvador. Vamos por partes.

Habida cuenta de que hay varias impugnaciones por resolver, los resultados preliminares han sido fundamentalmente confirmados por el escrutinio oficial que culminó pasada la media noche del miércoles 12 de marzo: ARENA obtuvo 49.89% y el FMLN el 50.11%. ¿Cómo se llegó a este resultado? se puede especular sobre al menos dos factores. El primero es la mayor participación electoral de esta segunda vuelta. Todo indica que un mayor número de votantes acudió a las urnas este domingo con respecto a la primera vuelta en febrero (aproximadamente 61% contra el 54%), y es posible que la mayoría de esos votantes haya favorecido a ARENA. Por un lado, el contundente resultado de la primera vuelta pudo haber desincentivado a algunos de los simpatizantes del FMLN a salir a votar, bajo la lógica de que la victoria era clara y que no se requerían sus votos. Por otro lado, los simpatizantes de ARENA, preocupados por el resultado y alarmados por el mensaje de su partido que advertía sobre el camino “chavista y sin retorno” que representaría una victoria del Frente en estas elecciones, acudieron en masa a las urnas. Todo esto podría ser cierto, pero no es suficiente.

Un segundo factor puede tener origen en la ahora tercera fuerza política salvadoreña. En la primera vuelta después del FMLN y ARENA, en tercer lugar quedó la coalición UNIDAD que postuló a Antonio “Tony” Saca, con 11.44%. El expresidente Saca que gobernó entre 2004-2009 es un político con tremendo carisma que militó en ARENA y que fue expulsado de ese partido en 2009. En esta elección buscó representar una alternativa de centro con la coalición del Partido de Concertación Nacional (PCN), el Partido Demócrata Cristiano (PDC), y el Partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) de reciente creación. Su nada despreciable 11% se convirtió en el fiel de la balanza de la segunda vuelta. A pesar del cortejo político, Saca no se pronunció públicamente a favor de ninguno de los dos candidatos finalistas. Muchos pensaron que por conveniencia personal y por su antagonismo con su antiguo partido él apoyaba al FMLN, pero lo cierto es que los partidos de su coalición son de tendencia más conservadora y por lo tanto sus votantes más dados a apoyar a ARENA que al FMLN. En esos electores puede estar la respuesta al enorme repunte de ARENA en la segunda vuelta.

El segundo aspecto sobre el que vale la pena reflexionar es sobre las repercusiones y causas de un potencial conflicto post-electoral más grave. Con un margen de victoria tan estrecho todo actor político racional tiene incentivos para buscar una revisión de la votación. Esto sería normal en El Salvador, Noruega o Estados Unidos. Pero las causas y las formas de pelar los resultados hacen la diferencia. El domingo ARENA fue el primero en salir a medios y lo hizo para declararse ganador. Quijano incluso acusó al TSE de parcial y aseveró que se permitiría que se consumara un fraude; peor aún, se dijo en guerra e hizo incluso llamado al ejército “a hacer respetar su victoria”. Es francamente peligroso el tono utilizado en su denuncia, especialmente en un país en el que apenas dos décadas atrás el poder político se disputaba por las armas más que con los votos. El FMLN, por su parte, con los resultados preliminares a su favor, se permitió ser más mesurado y declaró que esperaría a los resultados finales (no sin insinuar que la victoria era suya). De manera atinada, el Presidente del TSE rechazó declarar un ganador antes de que concluya el escrutinio definitivo. El escrutinio formal comenzó el martes y concluyó apenas la noche del miércoles. ARENA está en todo su derecho de agotar todas las instancias legales para pedir la revisión del resultado, y sólo al final de esto se tendrán los resultados oficiales. El TSE ha pedido esperar hasta entonces, aunque la victoria de Sánchez Cerén parece un hecho consumado.

¿Porqué reacciona así ARENA? El partido de derecha llegó a esta segunda vuelta sintiéndose agraviado al menos por dos factores. Primero, por el proselitismo incesante del Presidente Funes a favor del FMLN, inclusive en el día de la votación en la primera vuelta, y el día previo a la elección de segunda vuelta, a pesar de las prohibiciones correspondientes. Segundo por el rompimiento con el magistrado Walter Araujo, quien representaba los intereses de ARENA dentro del Tribunal Supremo Electoral (el organismo que administra las elecciones y que funge también como órgano jurisdiccional para cuestiones electorales), y que dejó las filas de ese partido desde el año pasado (recordemos que el TSE no es está ciudadanizado; tres de los magistrados del TSE son propuestos por los tres partidos con más votos en la elección presidencial anterior y operan como sus representantes). Este rompimiento y las recientes declaradas simpatías de dicho magistrado por el FMLN han provocado que ARENA se sienta excluido de un organismo que por diseño institucional está controlado por los partidos políticos.

En el mejor escenario la condena de ARENA sólo representó una estrategia política para mantener a sus simpatizantes envigorizados durante este proceso y poder así ejercer presión para que el escrutinio se llevase a cabo de manera rigurosa. La ley no contempla un recuento completo porque el número de votos impugnados es mayor que la diferencia entre los dos candidatos-en este caso el número de impugnaciones es menor. De confirmarse el actual resultado (y me parece que así será, dado que la elección fue bastante limpia en realidad), el riesgo será entonces que ante un resultado que no le favorece pero convencido de que el terreno de juego estaba desnivelado, ARENA no matice el discurso incendiario que utilizó el domingo y decida no reconocer el resultado. Esto podría tener repercusiones graves para El Salvador, un país en donde los acuerdos de paz son todavía punto de referencia de muchas conversaciones y decisiones políticas y la violencia puede extenderse del ámbito criminal al ámbito político.

La prueba de fuego de la fortaleza democrática de El Salvador estará entonces en que, al igual que en 2009, cuando se dio la primera alternancia en el poder en ese país desde el fin de la guerra civil con un resultado relativamente cerrado, quien no resulte favorecido por el voto reconozca su derrota, y mejor concentre sus energías en ser una oposición constructiva y orientada a fortalecer sus instituciones democráticas. Estamos a punto de saber qué sucederá. Tomando en cuenta los juicios emitidos por organizaciones externas y por el fiscal general de la república, la elección fue fundamentalmente justa y libre. Dada la conflictiva historia reciente de este país, y con la esperanza de que ARENA encuentre una manera de salvar cara después de las declaraciones iniciales de su candidato y dirigencia, tengo confianza de que imperará la sensatez.

 

 

Los puntos de vista de los Asociados y Directivos del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) representan únicamente su opinión personal. El COMEXI mantiene una posición neutral e independiente de cualquier opinión o juicio individual.

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