Davos: La necesidad de remodelar el mundo

Alejandro Guerrero Monroy*

 

“No podemos permitirnos el lujo de que la próxima era de la globalización engendre tantos riesgos y desigualdades como oportunidades”. 
Klaus Schwab
Fundador y director ejecutivo del Foro Económico Mundial
 

En 1971, un visionario profesor de la Universidad de Ginebra fundó lo que hoy conocemos como el Foro Económico Mundial, organización sin fines de lucro cuyo propósito es mejorar la situación del mundo y la vida de sus habitantes. Desde sus inicios, Klaus Schwab organizaba la reunión -que versaba sobre prácticas de administración y dirección de negocios- en Davos, pequeño poblado de 1,560 metros de altitud situado al este de Suiza. La inquietud social que invadía la realidad de aquellos años, incitó a los asistentes a discutir sobre temas políticos y económicos, y en 1974 se optó por invitar a presidentes y líderes mundiales. Con el paso del tiempo, la reunión se fue convirtiendo en el lugar idóneo para tomar decisiones de alto nivel y acordar proyectos de fuerte impacto global. Se dice que esta remota y pintoresca ciudad de los Alpes en pleno invierno, relaja las conciencias políticas e ilumina la creatividad de dirigentes políticos y empresariales.

Referirse a la asamblea anual de Davos, significa hablar del encuentro en donde se reflexiona sobre el futuro mediato e inmediato del mundo, y la confluencia en donde se plantean las amenazas al desarrollo económico y la estabilidad global. El Informe Global de Riesgos 2014 presentado en vísperas de la reunión, y en el que colaboran más de 700 expertos mundiales y prestigiadas instituciones como la Universidad de Oxford, la Universidad Nacional de Singapur y el Centro Wharton para Manejo de Riesgos y Toma de Decisiones de la Universidad de Pensilvania, apunta a 31 riesgos sistémicos que podrían causar impactos negativos importantes en industrias y países. Las amenazas se miden tanto en términos de sus posibilidades de concreción como en su impacto potencial, y se agrupan en el ámbito geopolítico, tecnológico, económico, ambiental y social.

El informe considera que, después de la disparidad de ingresos, los episodios meteorológicos extremos representan el riesgo mundial que más probabilidades tiene de causar un efecto sistémico importante a escala mundial. Le siguen el desempleo y subempleo, el cambio climático y los ataques cibernéticos.

El mundo moderno e interconectado de hoy tiene sus luces y sombras, con una dosis de complejidad e imprevisibilidad que obliga a replantear una respuesta más decidida y rápida a nivel mundial.

Las emisiones de gases de efecto invernadero están en ascenso mientras la respuesta de gobiernos y organismos internacionales ha sido insuficiente y aún no se percibe una solución a la tragedia. Los mercados financieros han demostrado su vulnerabilidad a múltiples variables que si no se atemperan con atingencia y la coordinación internacional adecuada, conllevan a una crisis de grandes dimensiones. La tecnología ha facilitado las comunicaciones de gobiernos y empresas, pero cada vez más se hacen patentes los ataques cibernéticos a redes y bases de datos, así como violaciones a la privacidad y espionaje masivo.

La severa disparidad del ingreso en los países -tema preponderante de la reunión anual-, provoca inquietud y obliga a la reflexión entre los asistentes a Davos. Saben que más de 73 millones de jóvenes en todo el mundo no tienen empleo y que la desigualdad no es una receta para la estabilidad social y la sustentabilidad económica

Para muchos, es incomprensible que a medida que el mundo está más interconectado y globalizado, exista mayor desigualdad y volatilidad. Karl Schwab ha dicho que en los últimos años ha sido difícil disponer de la coordinación y el consenso necesarios para abordar la complejidad de la nueva situación y que el mundo está pagando hoy el precio de esa indecisión y esa desunión. Para Schwab, “los manifestantes antiglobalización de principios de siglo tenían un mensaje claro y acertado: las instituciones de gobierno mundiales no estaban preparadas para administrar las repercusiones de la remodelación del mundo que estaba produciéndose a gran velocidad”.

Debemos tener la capacidad de que las virtudes de la globalización económica y los avances científicos y tecnológicos, permeen mayormente en la población mundial. De lo contrario, las naciones se estarán enfrentando continuamente a crisis sociales recurrentes y a protestas de amplios sectores sociales. El autor Zygmunt Bauman, alerta que la distancia entre los países desarrollados y la del resto del mundo está disminuyendo, y que por otra parte, en el interior de las sociedades ricas, las desigualdades se están disparando.

La receta no es sencilla, ya que significa incluir en la agenda mundial, entre otros, el tema de la creciente brecha social. La reunión anual del Foro Económico Mundial representa un llamado al sector público y privado de las economías mundiales a reencauzar el trayecto. Las discusiones que sostengan los líderes repercutirán en el estado del mundo no sólo en el 2014, ni en el próximo decenio, sino en el futuro colectivo a largo plazo.

La tarea para los visitantes de la montaña mágica de Suiza, es comenzar a remodelar el mundo y reflexionar las consecuencias para la sociedad, la política y los negocios. Como bien señala el creador del loable espíritu de Davos, Klaus Schwab, “debemos predecir los terremotos que sabemos se avecinan y reaccionar de forma adecuada a ellos”.

*Politólogo, maestro en economía, gobierno y derecho internacional. Twitter: @AGuerreroMonroy

Los puntos de vista de los Asociados y Directivos del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) representan únicamente su opinión personal. El COMEXI mantiene una posición neutral e independiente de cualquier opinión o juicio individual.

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