El otoño de Francois Hollande

Alejandro Guerrero-Monroy*

Twitter: @AGuerreroMonroy

Francia, la segunda potencia de la zona euro, vive tiempos convulsos. La economía del país galo, que salió de la recesión en el segundo trimestre del año con un crecimiento del 0.5%, ralentizó su evolución positiva en el tercer trimestre al limitar su ascenso al 0.1%; la producción industrial ha tenido una sorpresiva caída en septiembre, mientras que la tasa de desempleo se ubica en un desafiante 10.5%; tan sólo un último dato revela la difícil situación: la filial de la empresa Fagor ha despedido recientemente a casi 2 mil empleados.

Las finanzas públicas se han debilitado por un elevado déficit en las finanzas públicas. Frente a ello, el gobierno anunció recortes por 18 mil millones de euros en el 2014 y un catálogo de mayores impuestos que permitan equilibrar las cuentas en las arcas estatales. Tan sólo basta recordar el pretendido gravamen del 75% para quienes percibieran salarios de más de 1 millón de euros. Ante la presión del sector empresarial, se optó por limitarlo a los 12 clubes más importantes de futbol, quienes anunciaron hace unos días una huelga generalizada.

Por primera vez desde hace 20 años, los franceses han visto menguado su poder adquisitivo -cuatro decimas en 2012-. Las encuestas apuntan a que los ciudadanos de clase media se ven cada vez mas desfavorecidos. Los esfuerzos del gobierno por atenuar la difícil situación son encomiables pero no suficientes; recortes moderados del gasto y una mayor inversión destinada a educación y salud. El presidente François Hollande ha reiterado que su gobierno esta comprometido a hacer todos los ahorros presupuestarios posibles, pero no a costa de sacrificar el modelo francés de bienestar.

La sociedad francesa emite señales inquietantes y las protestas en las calles no se han hecho esperar. La violenta rebelión de miles de agricultores, obreros y pequeños empresarios en el oeste de Francia -denominados los bonnets rouges (ataviados con los gorros rojos que evocan la revuelta de 1675 contra los impuestos del rey Luis XIV)- que se oponen a una nueva “ecotasa” que gravaría el consumo de carburante en camiones de transporte de mercancías, revelan un profundo malestar social que ha obligado a Hollande a suspender temporalmente el polémico gravamen.

Por otra parte, la tensión se ha visto acentuada por expresiones de xenofobia que acechan la vida pública. La detención en una excursión escolar -e inmediata expulsión a Kosovo- de la niña gitana Leonarda Dibrani, despertó duras criticas por considerar que fue un arbitraria e inhumana. La ministra de justicia, Christiane Taubira, originaría de la Guayana francesa, ha sido objeto de múltiples insultos racistas en redes sociales y actos políticos recientes. Estos preocupantes sucesos son evidencia de que, en una sociedad tolerante y moderna que caracteriza a la francesa, la cohesión social podría verse fracturada.

El futuro se vislumbra incierto. Tan sólo hace unos días, la agencia Standard and Poor´s rebajó un escalón la calificación del crédito soberano de Francia (que se mantenía en un “AA+”) a un escalón de “AA”, como una señal que refleja los temores existentes ante la necesidad de reformas impopulares complejas de realizar, con un margen reducido para aumentar los ingresos y mitigar la deuda del país, que galopa desbocada hacia el 100% del PIB.

El índice de popularidad de Hollande es históricamente el mas bajo entre los presidentes de la quinta república francesa (que se ha extendido por 55 años), lo que restringe su capacidad de maniobra política. El jefe de Estado apela a la unión y a los valores republicanos frente a la adversidad, y ha señalado que no variará su política económica; “Mantendré la estrategia, que es la nuestra, el rumbo, que es el mío”, reiteró hace unos días en una visita a la sede del Banco Mundial en París. En esta temporada de otoño en la capital francesa, las malas noticias se ciernen sobre el Palacio del Elíseo y el cielo se torna gris para François Hollande.

* Maestro en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales por el Instituto Ortega y Gasset de España, y Maestro en Economía y Gobierno por la Universidad Anáhuac. Asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI).

Los puntos de vista de los Asociados y Directivos del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) representan únicamente su opinión personal. El COMEXI mantiene una posición neutral e independiente de cualquier opinión o juicio individual.

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