Poste Restante: Petróleo y Semántica

Jorge Eduardo Navarrete, Asociado de COMEXI

Si en el actual debate sobre la llamada reforma energética se atiende a la argumentación más socorrida por parte de los funcionarios públicos—desde el presidente de la República hasta algunos empleados de pemex—se diría que se discute más de semántica que de petróleo. La preocupación central estriba en asegurar que no se pretende privatizar. No es la primera vez. Lo mismo ocurrió en 1988. Para mostrarlo reproduzco un texto fechado el 14 de abril de ese año.

¿Qué significa privatizar?

Uno de los ejes del lamentable discurso oficial sobre el petróleo es negar, contra toda evidencia, la intención privatizadora. Ante las denuncias de ésta, se responde: nadie ha hablado de privatización, nadie ha propuesto vender Pemex, la privatización es un mito, una falacia que se maneja para politizar y desprestigiar una política orientada a fortalecer pemex, que seguirá siendo una empresa mexicana sujeta a la rectoría del Estado. Una de las versiones más primitivas y caricaturescas de este discurso corrió a cargo del señor Juan Camilo Mouriño—quien conoce pemex por los negocios que sus empresas han realizado con el organismo—que afirmó que el proyecto del gobierno “no representa la venta de ningún fierro” de la paraestatal. (La Jornada, 5 de abril de 2008, p 6.) No se venderán los fierros, por tanto, no se privatizará.

Ya se ha hecho notar que esta argumentación es un insulto a la inteligencia de los mexicanos. Es claro que no se desea vender pemex, entre otras razones porque sería sumamente difícil encontrar a alguien dispuesto a comprarlo si lo que se venden son sus instalaciones de extracción, transporte, refinación y procesamiento—sus fierros, como dijo Mouriño—pero no sus derechos exclusivos de acceso a los depósitos y reservas de hidrocarburos de la nación. Si deseara vender “los fierros”, el diágnostico que se hubiera presentado a los posibles adquirentes sería el opuesto al que se decidió divulgar.

El diagnóstico presentado no se encamina a vender pemex sino a convencer a sus dueños, los mexicanos, de que es necesario permitir que “se haga acompañar” por otras empresas. sin admitir que éstas serán preferentemente extranjeras, para ayudarle a explotar los recursos petroleros, en especial los yacimientos en aguas profundas [a los que ahora se añaden los de shale gas], y apropiarse de parte de ellos y de parte de la renta generada por su extracción. Sin necesidad de comprar los fierros, las empresas acompañantes disfrutarían del acceso a recursos que, por disposición constitucional, deben ser explotados en exclusividad por Petróleos Mexicanos.

Es esto lo que debe subrayarse: privatizar es vulnerar la exclusividad de Pemex en la explotación del petróleo; privatizar es permitir que empresas privadas se apropien de parte de los recursos extraídos y que obtengan derechos en su favor sobre los recursos del subsuelo, que constituyen las reservas; privatizar es multiplicar el número de agentes económicos privados—nacionales o extranjeros— que participan en el aprovechamiento de los hidrocarburos que la Constitución reserva en exclusiva a la nación, a través de pemex.

Adviértase, por otra parte, que el discurso del régimen insiste en que pemex seguirá siendo una empresa mexicana, sujeta a la rectoría del Estado. En lo que no se insiste es en que la propiedad del organismo siga siendo sólo de la nación. Se trata de presentar al petrolero como un sector prioritario, sujeto a la rectoría del Estado, y no como lo que realmente es: un sector estratégico reservado de manera exclusiva al Estado. Con la bandera de la “rectoría del Estado” se intenta ocultar la intención de que pemex deje de ser el operador único de un sector estratégico y se convierta en una empresa prioritaria, con participación privada, sujeta a la rectoría del Estado.

Los puntos de vista de los Asociados y Directivos del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) representan únicamente su opinión personal.  El COMEXI mantiene una posición neutral e independiente de cualquier opinión o juicio individual.

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