El Nobel de la Paz a la Unión Europea

 Alejandro Guerrero Monroy, Asociado de COMEXI

“Los europeos no saben vivir si no van lanzados en una gran empresa;

cuando ésta falta, se les descoyunta el alma”.

José Ortega y Gasset

Nunca pensé que el vuelo de París a Roma fuera tan placentero. Desde la ventanilla del pequeño avión pude contemplar los Alpes suizos, las cabeceras de algunos de los ríos mas importantes de Europa, -como podrían ser el Rhin y el Ródano-, así como las pintorescas villas de la extraordinaria geografía de Suiza. Al estar observando detenidamente este mítico paisaje, que transmitía serenidad e invitaba a la reflexión, meditaba sobre Europa, sobre su devenir histórico y sobre su presente. Europa ha sido escenario de guerras. La primera Guerra Mundial nace en este continente; el horror de la II Guerra Mundial tuvo su protagonismo en diversos países de la zona. Los europeos sufrían una guerra cada 20 años, con decenas de millones de víctimas; los desacuerdos se dirimían la mayor de las veces en conflictos armados. Hoy Europa discute sus diferencias mediante reglas e instituciones solidas, a través de las reglas de la democracia y el diálogo.

La Unión Europea ha sido ejemplo de reconciliación social y de civilidad política. No debemos perder de vista el arduo esfuerzo que significó la construcción del proyecto europeo, el cual requirió superar diferencias ancestrales entre las naciones involucradas. Ese gigantesco esfuerzo colectivo recibe un merecido reconocimiento, el Premio Nobel de la Paz. Inesperado y sorpresivo para muchos, se ha decidido conceder el galardón a la Unión por “El avance hacía la reconciliación de las seis últimas décadas..”, “..los valores basados en la democracia y los derechos humanos”. Estos logros valorados por el Comité que otorga el premio, representan aire fresco a un proyecto que hoy está experimentando y sufriendo, que es fuertemente cuestionado y que no pasa por sus mejores tiempos. En medio de una crisis económica y financiera, que se ha traducido en una social,  y que se está transformando en un cataclismo político e institucional, se destacó la encomiable labor de este club de 27 socios (que próximamente serán 28 con la entrada de Croacia) por reconstruir Europa en los últimos decenios.

También se reconoció la aportación de la Unión a la estabilidad de los países del Este tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la expansión de la democracia en la región.

En la actualidad, Europa es la primera potencia económica y el segundo bloque comercial del mundo. De igual forma, es el primer donante de ayuda humanitaria, y aunque a veces se olvide, una gran potencia militar. No obstante, la fuerte tormenta económica ensombrece el panorama y hace merma en la conciencia colectiva. Con los problemas económicos han resucitado viejos fantasmas europeos como la quema de banderas alemanas en Atenas, el grito enfurecido de manifestantes contra Bruselas en Lisboa, Madrid y Roma, y el desencanto de muchos en Berlín y París por la consolidación europea. Han resurgido fanatismos que parecían olvidados, o por lo menos, superados. Las actitudes extremistas y nacionalistas han aparecido, y existe un riesgo real de que la Unión pueda desintegrarse.

El reconocimiento ha sido celebrado, sin embargo ha despertado fuertes cuestionamientos y polémicas. Es un fiel reflejo del estado anímico de Europa, del desencanto que ha permeado el continente y que ha generado amnesia histórica. Hago votos para que este merecido premio pueda despertar la memoria de los europeos y les transmita dosis de entusiasmo y orgullo por lo logrado. Europa ha construido un solido y moderno gobierno comunitario,  que le ha permitido resistir los embates de una crisis sin precedentes. Cimentar una obra como la Unión Europea requirió de  liderazgo, paciencia y perseverancia de grandes visionarios, como Jean Monnet y Robert Schuman. No debemos soslayar que de ser una región de constantes enfrentamientos bélicos, se trasnformó en una comunidad de países que discute en la mesa sus problemas, profundos, inmensos, muchas veces de definición, otras de perspectiva-. Ahora se dialoga y se negocia, no se declara la guerra. Creo que tan solo eso justificaría el Premio Nobel.

La UE ha sabido exportar paz y democracia -al tiempo que preserva las identidades que conforman la extrema diversidad europea-. Recuerdo a un entrañable profesor de política internacional afirmar en una clase que “tras el Estado-nación, la Unión Europea constituía el invento político de mayor originalidad que Europa haya aportado a sí misma y al mundo”. Tenía razón. El Nobel de la Paz es, sin duda, un merecido galardón.

Los puntos de vista de los Asociados y Directivos del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) representan únicamente su opinión personal.  El COMEXI mantiene una posición neutral e independiente de cualquier opinión o juicio individual.

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